Cornélio Fabro y el principio de razón suficiente: breve pontualización.

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“¿Es posible, es posible que después de siete siglos de tomismo, sólo el padre Fabro haya llegado a comprender el acto de ser? ¿Es posible?” — Pe. Julio Meinvielle (In Memoriam R.P. Cornelio Fabro, Argentina, 1995, p. 26).

Si pudiéramos resumir la crítica dirigida a Cornélio Fabro a los defensores del principio de razón suficiente (o razón de ser), la resumiríamos con sus mismas palabras: la infiltración racionalista en la cantera neotomista; infiltración que, según él, es absolutamente inútil para una rigurosa justificación del principio de causalidad. La justificación del problema de la causalidad debe, según el tomismo revisionista, estar instanciada en la doctrina sintética de la participación, descubierta por Santo Tomás (por la unión de la causalidad platónica vertical y aristotélica horizontal) como uno de los principales vectores de su metafísica.

Antes de tocar la doctrina de la participación tomista (que será asumida, no explicada), comentaremos un poco sobre el principio de la razón suficiente y su infiltración en el siglo XIX: para Fabro esta infiltración ocurrió, en un principio, en la “Summa Philosophica” del dominico italiano Salvatore Rosselli (? -1785); nosotros, más diligentes que Fabro, señalamos que los responsables del niño son personajes como el cardenal Lorenzo Altieri, autor de “Elementa Philosophiae”; el padre Giuseppe Tagmana, autor de las “Institutiones logicae et metaphysicae”; todos famosos en el siglo XVIII. De hecho, en los manuales del cardenal Lorenzo y del padre Giuseppe ya aparecen constantes referencias a la fórmula de Leibniz: “nihil fit sine ratione sufficienti” (nada se hace sin razón suficiente), mucho antes de los compendios y resúmenes de Salvatore; hay quienes dicen (como Orti y Lara), además, que el principio de razón suficiente apareció incluso antes que Leibniz, en el “Questiorum philosophiorum” de Silvestre Mauro (Lib. I, q. proem., q. I), que parecía corte una identificación con el conocimiento por causas y cuestiones “circa rem”.

Nos resta conocer el sentido en que los escolásticos de los siglos XVIII y XIX tomaron el principio de razón suficiente; la opinión de Liberatore, autor de las “Institutiones philosophicae”, nos será de gran utilidad sobre este importante tema: según el jesuita, los escolásticos que auspiciaron el principio no están de acuerdo con la forma de entenderlo y formularlo; algunos, en efecto, lo consideran sólo en el orden de cosas contingentes, y que comienzan a existir, expresando así: todo hecho contiene su razón suficiente; y otros, por el contrario, lo extienden a todo el orden del ser, así como de la esencia y el ser y también al orden intelectual, enunciándolo así: no hay nada que pueda ser y ser afirmado, que no implique su razón suficiente.

Para avanzar unos pasos más en el tema, ampliaremos nuestra explicación de los significados de las palabras “razón” y “suficiente” en las cátedras escolásticas.

La palabra razón en este contexto significa que algo es, o es conocido o afirmado (… ratio essendi, ratio existendi, ratio cognoscendi, etc.); la palabra suficiente, en lo que concierne, significa que, al proporcionar o mediar tal razón, se obtiene todo lo necesario para que la cosa explicada por ella sea, exista o sea conocida. Así lo han querido concebir Maritain y Garrigou-Lagrange: en este principio, el término razón implica el valor de aquello de lo que es una cosa; se convierte, por tanto, en la razón objetiva de dónde está el ser y con cuyas notas se agota la intelección. El cardenal Mercier entiende por razón aquello que, perteneciendo a la esencia o contribuyendo a la existencia de una cosa, nos hace comprenderla; las razones de las cosas serían entonces sus principios considerados en relación con el intelecto que se esfuerza por comprenderlos. En la fórmula, el término “razón” se refiere a la entidad en relación con el intelecto y significa aquello por lo que puede entenderse. La razón se llama “suficiente”, si es suficiente para manifestar la naturaleza o propiedades de la esencia en su orden o para explicar la existencia del ser mismo; en los casos opuestos, se llama insuficiente (ya que la razón suficiente de una entidad no se puede encontrar en la nada).

No haré una evaluación crítica de este principio, i. e., si realmente tiene validez universal, tanto en el orden lógico como metafísico (como el primer principio de la razón especulativa) como muchos escolásticos querían con Leibniz; para nosotros es importante saber solo si el minimalismo fabreano sobre la causalidad es, por ironía o feliz coincidencia, “suficiente” para las cinco vías de Santo Tomás. Ahora bien: para Fabro, la justificación rigurosa de la relación causal debe buscarse en la doctrina de la participación; el ente por participación tiene por causa y depende del ser por esencia; si esta proposición es conocida per se, la mera explicación del contenido nocional del sujeto debe ser suficiente para encontrar el valor y justificar el consentimiento que el intelecto da al principio.

Sin más preámbulos, reproduciremos el razonamiento del contenido nocional de la participación, tal como lo concibe Tomás de Vio (Cardenal Cayetano), en los comentarios de De Ente et essentia (Cap. V, q. X, §92); veamos:

“[…] Todo lo que existe en virtud de otro es precedido por lo que tiene ser por sí; todo ente distinto de la primera causa, existe debido a otro, es decir: es un ente; luego, está precedido por aquello que es ente por sí; pero lo que es ente por sí es causa de todos los demás; por tanto, la primera causa es su propio ser, es decir, es ente por sí misma; y, en consecuencia, su quididade es su propio ser; de lo contrario, no existiría por sí solo, sino que sería ente por algo diferente de su quididade y, a su vez, dependería de otro, como se dedujo en la razón anterior”.

En otras palabras: la esencia de las criaturas no siendo idéntica al acto de ser reclama, por eso, un agente extrínseco que las hace existir, ya que es imposible que algo sea causado solo por los principios esenciales de una cosa, porque nada de lo que es causado puede ser causa de si. Por esta razón, es necesario que aquello cuya esencia no logra una perfecta identificación con el acto de ser, sea causado por un agente extrínseco; y como no podemos retroceder indefinidamente en la serie de causas, es necesario que lleguemos a un ser en que tales realidades son una sola, que es Dios. Y Él, que es el “Ipsum Esse Subsistens” (El propio Ser Subsistente), en la terminología de escuela, participa en el acto de creación el ser a los seres creados, que sólo tienen ser (habet esse) y operan por participación.

Este razonamiento es aplicable en sentido trascendental para la triple causalidad divina en la creación: Dios es el origen de toda bondad participada que se encuentra en las criaturas, en tanto que es modelo o ejemplo a quien imitan (causa ejemplar); que ha sido producida por Él en las criaturas (causa eficiente) y que, como bondad participada, está intrínsecamente ordenada a la Bondad absoluta, que es Dios mismo (causa final); en sentido predicamental (no del “esse”, sino del “fieri”), es aplicable a la causalidad de las formas de causas unívocas, que participan para otros sujetos a través de la generación. En vista de lo que ya hemos dicho, no necesitamos apelar al principio de razón suficiente si la participación en sí misma, en su esencia, es la causalidad, y los modos de participación son los modos de causalidad.

Son dignos, así, los esfuerzos de Cornélio Fabro en el resgate del llamado paleotomismo (término que surge con tono sarcástico incluso en el siglo XIX, ¡en la pluma de los jesuitas!); el revisionismo de Fabro, en este sentido, está perfectamente en consonancia con los principales maestros auxiliares y con el mismo Santo Tomás.

Bibliografía fundamental para aquellos interesados ​​en profundizar más adelante:

— Cornélio Fabro:
1) Partecipazione e causalità secondo s. Tommaso d’Aquino.
2) La difesa critica del principio di causa (Rivista di Filosofia Neo-Scolastica, vol. XXVIII, n. II).
3) L’origine psicologica della nozione di causa.

— padre Garrigou-Lagrange:
4) Dieu, son existence et sa nature.
5) Le realisme du principe de finalite.

Otros:
6) Ensayos de teodicea — Leibniz.
7) De Ente et Essentia Commentaria — Cardenal Cayetano.
8) De veritate fundamentali philosophiae — padre Norberto Del Prado.
9) Institutiones philosophicae — padre Liberatore.
10) La perception de la causalité — Michotte.
11) Il problema della causalita — A. Pastore.
12) Sept lecons sur l’etre — Jacques Maritain.
13) Métaphysique générale ou Ontologie (de su Curso de Filosofía) — Cardenal Mercier.

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Nascido em 1996. Estudante de Psicologia pela Faculdade da Amazônia — FAMA. Tomista e apreciador do escolasticismo de modo geral.

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